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El Reloj de la vida

Reloj

Permitirme que os presente una analogía entre un fantástico reloj y la vida. Imaginad por un momento un increíble reloj gigantesco, hecho de piezas inmensas y a la vez microscópicas. El objetivo de ese reloj es mostrarnos el tiempo, todas las distintas piezas trabajan de forma sincrónica en el mismo objetivo.

El resultado de dicha asociación, no es solo una colección de agujas que nos marcan las horas, minuto, segundos, el tiempo es representado de muchas formas distintas, de forma mecánica, electrónica, biológica…

Podemos observar en él no solo el transcurso de las horas, también el nacimiento y muerte de una estrella, de cualquier ser vivo en la escala de tiempo que queramos. De esta manera, podemos observar en cuestión de horas, minutos, segundos, la vida del árbol más longevo, de una galaxia, de cualquier ser vivo y pararnos en cualquier etapa, cambiando la escala y pudiendo ver al detalle cada pequeño paso.

Todas las distintas partes trabajan para el mismo propósito, todas son igualmente importantes, si alguna de ellas falla y se estropea, hay toda una cadena de acontecimientos que no se ejecutaran de forma correcta y dejarán de mostrarnos la perfección de la sincroní­a.

Pues bien, la vida funciona de la misma manera, lo grande sustenta a lo pequeño y lo pequeño a lo grande, no es una lucha por la supervivencia, es una colaboración.

Ahora bajo esa perspectiva miremos por ejemplo lo que estamos haciendo en la agricultura intensiva, estamos matando la vida para poder cultivar alimentos, primero fumigamos todo y no solo matamos lo que pensamos que es el problema, acabamos con millones de seres diminutos que colaboran con la vida, rompemos la sincroní­a y en vez de trabajar para mantenerla, somos el obstáculo para que suceda.

Además somos tan ciegos, que somos incapaces de ver que estamos envenenando los alimentos que comemos, que estamos contaminando la tierra, los acuí­feros, los rí­os, los mares, el aire que respiramos y matando la vida en infinidad de formas.

Lo mismo pasa con la medicina que sigue viendo a la enfermedad como un ataque y la sigue combatiendo con la muerte. Las bases donde se sustenta la medicina están equivocadas y es evidente que nos están llevando a una sociedad enferma, cada vez más dependiente, más débil, la medicina nos está matando. ¿Qué medicina es esa que es la tercera causa de muerte según los propios medios que la ejercen?

Y eso mismo sigue pasando en todas las facetas y todos los ámbitos de nuestra vida, en la educación, en los medios de comunicación, en las empresas, en el mundo cientí­fico, en las religiones, en nosotros mismos. De hecho este es el origen, nosotros creamos las instituciones, las empresas, las religiones, etc.

Habéis visto a donde nos lleva este mundo civilizado. ¿Por qué no llamamos las cosas por su nombre? ¿Se puede llamar civilizado a un mundo que está destruyendo el mundo?

No señores, nosotros no somos un mundo civilizado, somos un mundo cruel, destructivo, banal e hipócrita, nos vendemos por una miseria que además nos encadena, somos parte de esa cadena y mientras no lo reconozcamos seguiremos colaborando a toda esa destrucción e injusticia que estamos viendo en este mundo.

No hemos comprendido el valor de la vida, no nos hemos dado cuenta que la vida en su conjunto se ayuda a sí­ misma. Resulta totalmente increí­ble que nosotros estemos rompiendo todo equilibrio y la vida nos sigue apoyando incluso cuando estamos acabando con ella, pues eso es imposible, no podemos acabar con la vida, ni siquiera aunque destruyamos el planeta, lo único que lograremos es generar sufrimiento y vivir amargados, frustrados, vací­os y aun así­, la vida nos sigue regalando todo.

Por supuesto que en nosotros también moran las mejores cualidades, el amor incondicional, la alegrí­a, la paz, la cooperación, el humor, la creatividad, la armoní­a, la libertad, la compasión.

Pero, ¿realmente sacamos a relucir todas esas cualidades en TODOS los aspectos de nuestras vidas? ¿O nos reservamos y solo damos cuando recibimos y además damos con medida?, ¿Somos un árbol frutal que cuando llega su tiempo da sin esperar nada a cambio, o por el contrario le ponemos precio a todo lo que hacemos? ¿Has visto algún peral que le pida algo a quién disfruta de uno de sus frutos, o le has visto quejarse porque muchas de sus peras nadie las come y se pudren?

Hay una palabra que me encanta y es INTEGRIDAD y es algo que la humanidad no está demostrando. Ser í­ntegro es ser total, una persona í­ntegra, respeta todo el entorno, no se hace rico a costa de lo demás, no lo explota, no comercia con ello, es un colaborador abierto a mantener el equilibrio, no ama solo a su pareja, ama su entorno, su trabajo, la gente que le rodea, el mundo en el que vive, ama la vida y camina por ella impartiendo bendiciones, no conoce la guerra, pero es el mejor guerrero, el más preparado, el más dispuesto.

Una persona í­ntegra, vive en comunión con la vida y crea con ella, una persona íntegra es una persona completa, que no busca nada pues ya es, no tiene miedo pues comprende lo que es la vida y se experimenta continuamente, maravillándose de la multiplicidad, de cómo la vida se manifiesta de tan innumerable número de formas.

Si no somos í­ntegros somos egoí­stas y entonces no seguimos los ritmos de la vida, dejamos de estar sincronizados con ese gran reloj, generamos sufrimiento y nos olvidamos que formamos parte de un todo que nos sigue apoyando en nuestra ceguera.

El reloj de la vida seguirá mostrando lo que tiene que mostrar a pesar de que nosotros no ejerzamos nuestra función, somos nosotros quienes nos estamos perdiendo esa gran oportunidad, quienes nos hemos aislado, quienes hemos entrado en batalla y vemos un mundo que nos agrede, en el cual hay que seguir matando para sobrevivir.

Quien quiera tomar conciencia, de que la vida no es ninguna lucha si no que es todo un regalo, que la propia naturaleza, el propio universo nos están dando todo lo que necesitamos, lo verá cuando empiece a obrar en consecuencia, cuando se armonice con el reloj de la vida y empiece a ofrecer al mundo lo que la vida le está ofreciendo.

Armonizarse con el reloj de la vida, es decir adiós al sufrimiento, al miedo y empezar a colaborar a esta gran obra, disfrutando de los más bellos dones que todos tenemos.

Cada uno puede tomar la decisión de fluir con la vida o de ir contra ella. Es tiempo de hacer consciente el inconsciente, para poder ser libres, pues el hecho de no querer ser conscientes de las consecuencias de nuestros propios actos, no nos impide vivir sus consecuencias.

 

 

 

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