Sobre Mi

Sobre Mi

Como no soy conocido me he de definir a mí mismo. No es tarea fácil, pues los parámetros que el mundo utiliza para hablar de alguien, a mí personalmente no me dicen nada. ¿Dónde nací, que estudios tengo, la edad etc.? Solo son palabras para llenar vacíos.

¿Qué importa todo eso?, si alguna vez me dieron un título me olvidé de él, para mí­ solo es un papel. Quien yo soy no lo pueden definir ni siquiera las palabras, cuanto menos un papel. ¿Qué importa la edad, el sexo, la nacionalidad, la profesión, el estado? todo ello sigue sin decir nada de lo que yo soy.

Si hay algo que pueda hablar de mí­, algo muy cercano, quizás sea mi nombre. No el nombre que me pusieron mis padres, tampoco los diferentes nombres que me pusieron distintos maestros, el nombre que en una especie de juego me puse yo mismo, sin pensar que ese nombre un dí­a serí­a el nombre que sentirí­a más cercano, el nombre que hablaba de mí­ mismo.

Para hablaros de mí­, os voy a hablar de mi nombre. Una vez en un curso de psicologí­a transpersonal, se nos propuso la idea de contar nuestra historia personal a través de un nombre mí­tico. Yo buscaba algo impactante, un ser mitológico, un héroe, pero la mente se quedaba en blanco. Entonces me hice una pregunta y me dije: ¿Qué quiero que ese nombre represente para mí­? Querí­a que ese nombre hablara de quién soy realmente, que mostrase esa parte oculta que ni yo mismo conocí­a y entonces,  la respuesta fue inmediata, Juan.

Juan, siempre ha sido mi segundo nombre por el que me bautizaron, pero nunca nadie me llamó de esa manera, siempre permaneció en la sombra y me gustó la idea de sacarlo a la luz, de sacar mi oscuridad. Juan ya cumplí­a todos los requisitos, pero no era un nombre mí­tico, era un nombre normal, necesitaba algo más. Y volví­ a hacerme otra pregunta: ¿Qué quiero que ese algo más represente? Ese algo más, tení­a que representar, lo más alto, lo más sublime, eso que parece inalcanzable y entonces enseguida surgió: Sin Nombre. Juan por sí­ solo ya apunta al interior de mí­ mismo, pero en el conjunto, representa la parte material. Juan fue el nombre de mi abuelo y nunca me habí­a dado cuenta de lo que me gusta ese nombre.

Juan Sin Nombre habla de la unión de la tierra y el cielo, habla de una boda, de un anhelo, de un sueño que no encuentra palabras para describirlo. Juan Sin Nombre es una paradoja, un nombre sin nombre, una contradicción. Quien sabe, quizás mañana ese nombre no tenga ningún sentido. Yo sé que el nombre no es lo importante, es solo el símbolo que apunta al Ser que somos. Sigo contestando cuando me llaman por cualquier nombre que me han dado, sigo teniendo todos esos nombres que me han puesto, también algunos que nunca nadie ha nombrado. No tengo nombre y los tengo todos.

Camino por la vida libre de apegos, de miedos, de sueños, disfrutando los retos que incansablemente siguen surgiendo, maravillándome con la diferencia, destapando cada dí­a un poco más el telón del teatro y viviendo el momento presente lo más posible. Soy al igual que tú, un viajero en el tiempo y en el espacio, que cae y se levanta, que se equivoca y pide perdón cuando se da cuenta de ello, que intenta en todo momento, sacar de lo más profundo lo mejor que tengo y compartirlo. Soy alguien que ama incondicionalmente y para siempre, que sigue viendo a su hermano en aquél que me lastima o me ignora, que no duda de que todos somos hermanos, que aprecia el regalo de la vida tal cual es y que mira a través de las apariencias a ver que regalo se esconde.

He reconocido que la lucha es interna, la veo a cada instante, la miro y hablo con ella, respiro, siento y hago lo que tenga que hacer. Acepto el reto de vivir con agradecimiento, con la sorpresa de un niño pequeño que constantemente conoce algo nuevo. He recorrido un largo camino que me ha traí­do a donde me encuentro y solo siento agradecimiento por todo lo pasado sin excepciones. Todo ello me ha traí­do hasta aquí­ y todo lo llevo conmigo, no quiero dejar atrás nada pendiente, quiero estar siempre listo, preparado para el siguiente paso si es que hay algún paso que dar.

Estoy increí­blemente cerca de ti y a la vez muy distante, puedo tocarte desde la distancia, desde las palabras, desde los pensamientos y a la vez puedo parecer inalcanzable, incluso cuando me tienes al lado. Vivo en la paradoja, allí­ donde los extremos se juntan, donde una simple palabra te puede mostrar el cielo o el infierno, en el filo de la navaja ahora sin miedo, manteniendo el equilibrio, dejando la lucha atrás, en una rendición continua donde la creatividad se manifiesta por sí­ misma, donde las cosas suceden sin ir tras ellas.

Vivo en el mundo sin ser del mundo, contemplando los dos polos, las dos caras de la moneda, atravesando toda tormenta, sonriendo ante aquello que hace tiempo me turbaba y me hundí­a en las oscuridades. No he dejado de ser un actor de esta gran obra de teatro, ahora también soy espectador y puedo ver más lejos de lo que antes veí­a. Ya no tengo meta, ya no busco nada, ya nada me falta en el eterno presente. No busco la gloria ni la fama, ni la compañí­a ni la soledad. Todo viene solo.

No escribo para que se me conozca, lo hago solo por dos motivos, para conocerme mejor a mí­ mismo y por si a alguien le ayuda al mismo propósito de conocerse a sí­ mismo.

Nada de lo que el mundo pueda ofrecerme le hace sombra a lo que ya soy, todo son baratijas, adornos innecesarios de los que se puede disfrutar y que también se pueden utilizar, pero que habitualmente es al contrario y nos utilizan a nosotros. Soy libre por qué lo he querido, por qué lo he buscado, por qué lo he creí­do, por qué lo he demostrado y lo sigo haciendo. La libertad no es algo que haya que conseguir, es algo que hay que ejercer, pues la libertad es una cualidad de lo que somos.

Vivo en un universo plagado de oportunidades, de instantes mágicos, de momentos donde puedo transcender las apariencias y seguir viviendo la increí­ble aventura que estamos viviendo. Un dí­a cualquiera dejé de hacerle caso al miedo, empecé a mirarlo de frente, le permití­ que me mostrase sus fauces, que me enseñase el precipicio, le di las gracias y atravesé la experiencia.

Me volví­ flexible, me convertí­ en bambú, permití­ que las tormentas me doblasen, aprendí­ a moverme con ellas sin resistencia, sin perder el centro. Hoy sigo explorando esto que llamamos vida, permitiéndome fluir más cada dí­a, abierto a lo nuevo que siempre se manifiesta en el instante presente.

Cierro los ojos, cierro los sentidos y solo siento paz y silencio. Veo un mundo sin fronteras, sin barreras, un mundo donde no existe el miedo, la enfermedad, las carencias, el sufrimiento, un mundo donde reina la armoní­a, la paz, la creatividad, la alegrí­a, el humor, la hermandad, la aventura, la cooperación. Abro los ojos y las apariencias no logran borrar ese sueño, esa visión.

He decidido vivir esta experiencia sin miedo, con agradecimiento, dando siempre lo mejor que tengo. Estoy aprendiendo, soy un recién nacido que quiere conocer el mundo en el que vive, que quiere experimentarlo. He comprendido el inmenso regalo que es la vida, la gran oportunidad que tenemos de manifestar nuestros sueños y de vivir con agradecimiento cada pequeño instante.

Invito desde mis sueños, desde mis pensamientos, desde mi presencia, desde estas palabras a que cada uno se atreva a vivir su propia vida sin miedo, con plenitud, con alegrí­a, a que permita que la creatividad se manifieste a través suyo y a que ofrezca al mundo entero lo mejor que tenga.