Flashes de la vida

Flashes de la vida

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Todos tenemos momentos mágicos, aquellos instantes en los que se nos muestra una salida, una gran idea, una solución.

 

Surgen cuando menos te los esperas, cuando estas “distraído”, cuando has dejado de mirar para ver la respuesta.

 

Yo les llamo flashes, porque a veces son tan instantáneos, tan rápidos que muchas veces pasan desapercibidos.

 

Hoy recordaba uno de esos flashes. Sucedió en uno de los momentos más caóticos de mi vida. En medio de esa turbulencia, predominaban las sombras, pero a veces fluían las luces.

 

Fue algo así como caminar por los extremos, conocer la locura. Hoy puedo mirarlo desde la distancia, desde el desapego, desde el agradecimiento.

 

Recuerdo algo así, como que todos los que me rodeaban, todos los que me querían y sabían del estado en que me encontraba, era como si hubiera entrado en su pellejo, podía ver claramente como cada uno desde el lugar desde donde se encontraba me estaba dando lo mejor que tenía.

 

Unos con su silencio, otros con sus palabras, otros rezando, otros simplemente con su presencia. Pude ver claramente lo hermosa que era la diferencia, el amor a través de formas tan distintas y me di cuenta que a pesar de las apariencias todo era perfecto, que esas diferencias nos complementaban y nos hacían más grandes.

 

Ese flash ha quedado grabado. Ahora sé que eso que pude vivir en un círculo tan pequeño de los seres más cercanos, nos incumbe a todos, que todos siempre damos lo mejor que tenemos, desde donde nos encontramos, que todos tenemos un tesoro dentro más o menos profundo, pero que no hay nadie que no lo posea.

 

Ese flash es parte de mi vida, ha pasado a ser una luz en mi camino, una mano que me ayuda a levantarme en las caídas, un motivo para mirar la vida desde otra perspectiva mucho más amplia que le da sentido.

 

A veces no prestamos la debida atención a esas pequeñas cosas que a todos nos acontecen y esas pequeñas cosas son precisamente la ayuda que necesitamos, las dejamos pasar de largo, las olvidamos y seguimos buscando una respuesta.

 

Caminamos demasiado rápidos, devoramos los libros, los cursos, programas de TV, las redes sociales. Acabamos de leer algo hermoso, profundo, verdadero y seguimos corriendo a ver dónde se encuentra lo siguiente, sin pararnos a experimentar ese pequeño flash que se nos acaba de mostrar, sin mirar en nosotros, sin hacerlo nuestro.

 

Luego corremos a mostrarle al mundo eso que tan maravilloso nos parece y corremos a por el siguiente para hacer lo mismo y adornar nuestra vida de frases bonitas, de palabras profundas, de canciones, de poseías, de cuentos o de desgracias que otros viven y experimentan, pero que nosotros solo clasificamos y distribuimos.

 

¿Dónde está nuestra verdadera historia?, ¿Cuándo vamos a descubrir quiénes somos y nos vamos a mostrar desde ese lugar?

 

Las palabras externas solo sirven si te ayudan a encontrar las tuyas propias. No es necesario dedicar una vida entera a decir las palabras de otros por muy elevadas que sean, de hecho yo pienso que eso suele ser un gran inconveniente que al final te limita y te deja preso.

 

Para llegar a ser maestro, hay un momento en que tienes que soltarte completamente, tienes que arriesgarte a ser tú mismo, no a ser otro por muy altos ideales que ese otro tenga. Él, no querría que le imitases, él querría que fueses tu mismo.

 

Un buen maestro nunca trataría de que fueses una fotocopia, valoraría tu originalidad, te empujaría a demostrarla, te ayudaría a soltar amarras, a que fueses libre, a que le soltases a él mismo.

 

Todos tenemos algo especial y si ponemos la atención donde corresponde lo veremos, lo viviremos, lo mostraremos y la vida ya no será la misma.

 

Que capturéis vuestros flashes y mostréis vuestra originalidad.

 

Abrazos sin tiempo.

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