El regalo de los Reyes Magos

El regalo de los Reyes Magos

El regalo de los reyes magos

Ayer noche, cuando iba a acostarme, recibí un mensaje que hablaba de esa noche mágica. Me acosté con ese pensamiento, con esa idea de que la magia nos rodea, de que nosotros mismos somos magia.

 

Me dije que todavía era tiempo de pedir un regalo. Pedí para toda la humanidad, conexión con lo más alto, quise concretarlo mucho, que en pocas palabras estuviese todo incluido y que fuese Universal.

 

¿Se puede necesitar algo más?, si individualmente nos conectamos con lo más alto, con lo más sabio, ¿no recibiríamos siempre consuelo?, ¿no encontraríamos la solución perfecta?, ¿no desaparecerían los problemas y viviríamos en las soluciones?, ¿no nos volveríamos nosotros mismos sabios?

 

Pasé una noche extraña, medio despierto, medio dormido. Apenas recuerdo los sueños, pero me dejaron un sabor dulce. Cada vez que me despertaba, repetía la “la petición a los Reyes” y  volvía a dormirme meditando sobre ella, sobre todo lo que está implicado en algo tan simple, sobre las consecuencias individuales, locales, mundiales o universales.

 

El último sueño, me trajo una idea y esa idea me reveló que no podemos pedir algo que no tenemos, que esa conexión siempre ha existido, que tenemos que reconocerla y cuidarla, que no debemos de traficar con ella, que eso no nos da derecho sobre los demás si no, todo lo contrario, nos brinda la oportunidad de servir, de volvernos humildes, pues todo lo que esa conexión nos revela, no es de nuestra propiedad, es de todos.

 

De hecho, perdemos la conexión cuando intentamos apropiarnos de sus revelaciones.

 

Vivimos rodeados de un universo de ideas, esas no nacen en nosotros, ya están ahí, solo nos abrimos a ello y se abre el torrente. Es igual que las ondas de radio, Tv, telefonía, nos rodean por todas partes, si tenemos el aparato apropiado y sintonizamos cualquiera, recibimos noticias de cualquier tipo, pero esas noticias, no son nuestras, no tienen propiedad.

 

Quién se adjudica la propiedad, se reduce a sí mismo, pues por mucho que intente acaparar, no es nada comparado con la totalidad que está negando. Es justamente lo contrario, quién se aferra a las cosas,  a las ideas, a las personas, quién quiere poseerlas se pierde el universo entero, se separa y crea confrontación y deja marchar la vida perdiéndose el mayor regalo.

 

La música, las poesías, el arte, la ciencia, las medicinas, los alimentos, los inventos… nada nos pertenece, todo es de todos, son bienes compartidos.

 

Aquellos que los acaparan, son los más pobres de todos, los más ignorantes, que pierden la vida en lo que menos importa, en lo que perece y no pueden llevarse consigo. Además se pierden el regalo de compartir, con la dicha que se consigue al dar.

 

Si yo escribo la poesía más hermosa de la historia de la humanidad, eso podría hacerme muy rico, pero todas esas posesiones que podría comprar a través de vender “mi obra”, no es lo que me va a dar la felicidad.

 

La felicidad la da el hecho de estar abierto a escribirla y hacerlo, eso solo ya es un inmenso premio, ¿cómo se puede además pedir a cambio dinero, como le puedo decir a alguien, que si quiere leer la poesía más hermosa, tiene que comprarla? Es completamente ridículo.

 

Si esa poesía ha nacido de lo más profundo, de una íntima conexión, uno ya es feliz, solo con el hecho de haberla escrito y si puede haber gozo mayor, este debería ser que estuviera disponible a todo el mundo, que cualquiera pudiera vibrar con esas palabras y ello le ayudase a sacar las suyas propias. Así, es como se enriquece el mundo, al compartir sin condiciones.

 

La nueva moneda de la nueva era es el agradecimiento, no el trueque, quién tiene da lo mejor de lo que tiene y quien recibe responde de la misma manera.

 

Cada uno es responsable de sí mismo y si quien recibe no quiere dar, ó quién tiene no quiere dar,  es el mismo quién se lo está negando a sí mismo, el será un mendigo aunque sus arcas rebosen y en lo más hondo de su ser, estará vacío. Eso no debería hacer al que tiene dejar de dar si no recibe. Un árbol no deja de dar frutos porque no se lo agradezcas o porque se pierdan y nadie los disfrute.

 

Todos tenemos algo que aportar, si somos receptivos nos abriremos a dar, a compartir lo mejor que tengamos, pues esa es la única manera de recibir más y no quedarnos vacios.

 

Siempre es noche de Reyes, siempre es un día mágico, lo más grande, lo más alto ya está en nosotros, siempre lo ha estado y siempre lo estará incluso aunque lo neguemos.

 

La Paz, el Amor, la Alegría, la Felicidad, la Plenitud y todo aquello que deseamos para nosotros y para toda la humanidad, ya es nuestro, no tenemos que hacer nada para conseguirlo, eso siempre  ha sido parte de nosotros, de hecho, lo hemos experimentado muchas veces a lo largo de nuestra vida, pero no hemos reconocido que estaba en nosotros, hemos pensado que eran las cosas, las personas, las situaciones quienes nos otorgaban ese instante y ahí nos equivocamos y seguimos buscando fuera.

 

Este día de Reyes, pedí lo más alto que pudiera pensar y cuando desperté, una idea me puso en marcha y me di cuenta que aquello que pedí, lo había tenido siempre y que se manifiesta cuando me sintonizo, cuando me abro, cuando me suelto, cuando fluyo, cuando me armonizo con esa frecuencia y me dejo a un lado a mí mismo.

 

Tenemos el poder de poderlo demostrar en las mayores adversidades, es hora ya de acudir a la magia que hay en nosotros mismos, reconocer quiénes somos y abrirnos para ver un mundo nuevo aquí y ahora, en el momento presente.

 

Cuando eso suceda entonces, todo aquello que no tiene sentido desaparecerá para siempre.

 

Feliz día de Reyes.

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